carta a mis padres

Unos meses antes de acabar esos seis maravillosos años de carrera, Barcelona, en mi mente, estaba ardiendo.

El seguimiento de movimientos en contra de los recortes en educación y sanidad, el ambiente político, las manifestaciones y asambleas eran constantes.

Solo respiraba una negatividad en el ambiente que me ahogaba y me pedía cambio, así que decidí irme al extranjero, a calmar los nervios y a coger aire fresco, como el que se va al campo de veraneo.

A pesar de mis ganas, Australia fue un intento fallido. Problema de visados. Así que, después de una semanita de descanso del típico viaje de final de carrera a Riviera Maya, cogí un vuelo a Londres.

Mi idea era irme al campo, rollo Jane Austen, cuidando a unos niños de una familia encantadora en una casa encantadora.

Pero acabé de Mary Poppins, en el mismísimo Londres, con cuatro precioso niños en una casa también encantadora.

Primero, acostúmbrate al idioma, luego procésalo, luego háblalo, luego mejóralo y lo más importante, hazlo todo a la vez.

Descubre una ciudad inmensa, descubre a su gente. No tardé mucho en encontrar a un amigo, aunque llevó un tiempo hasta que fuera especial. Las amigas también llegaron y así pasaban los días, semanas y meses.

Yo era médico, yo soy médico, y aunque había necesitado un break para darme cuenta de lo mucho que lo echaba en falta, mi mente seguía conectada a ello.

Una amiga mía comentó un día que para mí, todo era medicina, siempre todo lo ‘medicalizaba’.

Pensando en ello, con más tiempo, creo que lleva razón. Para mí todo es medicina pero no solo porque haya pasado por la Universitat de Barcelona y me haya tragado todos esos libros. No. Mis ojos ‘medicalizaban’ antes de eso y es culpa de dos grandes personas, mis padres, que trabajaban en una gran compañía telefónica, para vuestra información.

Algunas razones por las que mis padres me han hecho médico: Continue reading “carta a mis padres”