como una gaita

Yo no me quejo, pero lo voy a dejar escrito, por si acaso. Últimamente voy de lista en lista y tic porque está hecho y alarma porque esto ya no puede ser. No paran de salir cosas, una detrás de otra.

Y es que algún día, en algún lugar que no recuerdo, o en varios, decidí que iba a vivir la vida intensamente, a tope de power, a full, on fire. Que el orden no altera el producto, niña, y que la soledad, el tú con el tú, o sea, mi yo con el yo, me hace fuerte. Y el yo con ellos, me hace mejor.

rainbow

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Buenos días

Las 7. Bien. Por fin. He decidido que me va a encantar mi día. Va a ser genial.

Me ducho porque cualquier día que se precie empieza con una buena ducha. Cada día, vamos.

Al agua caliente parece que le cuesta, pero ahí viene, dispuesta a ponerme los músculos a tono. Y un chorro por la espalda. Pues no he empañado tanto el cristal, no se podrá quejar.

El termómetro del comedor me ha chivado que hace frío en la calle. ¿Doce grados? La verdad es que ya no me acuerdo de qué se siente a doce grados. Ante la duda, sé cebolla, claro que sí. Capas, capas, capas… Que se quitan a medida que pasa el día.

Hoy he decidido que no me voy a cargar como una mula. El por si acaso saco media hora, para la vuelta, cuando me siente… No va a pasar. No, ese trabajo que quieres sacar no va a pasar. Hoy no.

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