Cuando una no sabe hablar

Por fin, por fin, por fin… El otro día por fin fui al dentista.

Es algo que me he propuesto hacer cada año a partir de ahora, y después de arreglar todos los problemas que tiene mi boca en estos momentos; después del embarazo (los tres), el bruxismo, la genética… Todo afecta a una boca por la que no deja de pasar el tiempo.

Es una inversión más que merecida.

A pesar de que estuve a punto de levantarme de la sala de espera e irme, por tener hora concertada a las 10 am y tener que esperar más de 15 minutos sin que nadie me dijera nada, finalmente parece que mereció la pena.

En un abrir y cerrar de boca de manera reiterada de menos de un minuto de duración se diagnosticaron múltiples cosas. Y no hay nada que me guste más a mi que el diagnóstico por la simple observación de lo que ve el ojo al desnudo. Sube la categoría al profesional de manera automática.

Pero lo que más gracia me hizo fue que me dijeran que tengo una deglución infantil. ¡PAM! Ojos abiertos como naranjas.

La doctora se reía y yo con ella, pero me explicaba que esto tiene como consecuencia una mordida abierta y a veces algunos transtornos del habla, de la dicción, que requieren intervención de un logopeda.

Y entonces pensé… “Aaaaah!! ahora lo entiendo todo” La verdad es que me había dado cuenta de que mi dicción es mala, se me traban algunas palabras con frecuencia, pero lo atribuía a otras cosas, como pensar más rápido de lo que hablo, estar cansada (permanentemente), ser tímida, ser políglota…. pero parece que puede haber otros factores.

Nunca está de más una revisión dental. Yo ya solo estoy a un paso menos de ser una mejor versión de mi.

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